   Yo te he visto, en esa hora fugitiva
en que la tarde a desmayar empieza
doblar cual lirio enfermo la cabeza,
la cabeza adorable y pensativa.

   Y entonces, más que nunca, sugestiva
se ha mostrado a mis ojos tu belleza,
como un claro-oscuro de tristeza
con palidez que encanta y que cautiva.

   Y es que en tu corazón antes dormido
el ave del amor ha hecho su nido
y entona su dulcísimo cantar.

   Y al escucharle, en ondas de ternura,
languidece de ensueños tu hermosura
¡cómo un suave crepúsculo en el mar!