   Este pobre mortal de cada día,
estrecho en todo, menos en cintura,
lleva una flor de aguda picardía
completando su genio y su figura.

   Consiste su idealismo y su alegría
en saber que la cena está segura,
y es la enana y mordaz filosofía
la que cuadra mejor a su estatura.

   No hay gafas que se ajusten a su vista;
su condición, es mucho lo que dista
de Don Quijote,, su señor y amigo...

   Y es tan mezquina su mundana idea,
que hasta su propia inspiración voltea
sobre el punto de apoyo del ombligo.