   ¿Amarnos? Sí, sin duda nos amamos. No obstante
yo no sé qué ansía extraña late en nuestra pasión,
algo que está indeciso pero que a cada instante
nos impone el silencio de su interrogación.

   Es un presentimiento o un recuerdo obsedante
de una fatal angustia o una vieja traición;
acaso es el espectro de un suicida, un amante
que ha muerto y que no quiere huir de tu corazón.

   Si juega entre mis manos tu rubia cabellera
es fronda de un aroma florido que me espera...
y si cae tumultuosa en áureo torbellino

   me parece que lívido presagio de un tormento,
erguida en la más alta cumbre de mi destino
una bandera de odio va a desatarse al viento.