   Si halláis un ser de inteligencia dura,
con faldas negras rojas o moradas,
que en su tono, su voz o sus miradas
males sin cuento sin cesar augura;

   de ceño adusto, de intención oscura
y extraño a las acciones elevadas,
de virtudes dudosas nunca usadas,
si bien de vicios entidad segura;

   si no fuese canónigo o vicario
el que con tales atributos cuente,
aunque haya quien sostenga lo contrario,

   podéis asegurar rotundamente
en cualquier ocasión, tiempo o etapa,
que es cura, obispo, cardenal o Papa.