   De la edad juvenil en los albores
y llorando su mísero destino,
una niña, a la vera del camino,
pide limosnas y regala flores.

   Aunque sufre del hambre los horrores,
bajo su traje rústico y mezquino
adivinase un cuerpo alabastrino
portado de secretos tentadores.

   -¡Pobre niña, mugrienta y haraposa,
que vives explotando la belleza
de las flores que ofreces afanosa!

   ¡Sabe Dios si mañana, en tu pobreza,
venderás, como vendes una rosa,
la delicada flor de tu pureza!