   Por no exhibir la desnudez entera
de sus formas, que guarda con decoro,
oculta entre las ondas el tesoro
de su cuerpo de púrpura y de cera.

   Destácase la blonda cabellera
con el ígneo chispar de un meteoro,
quebrándose en relámpagos de oro
sobre el níveo perfil de su cadera.

   Túrgido el seno de jazmín y rosa,
cuando surge del baño, temblorosa,
arroba con sus mágicos hechizos,

   sacudiendo el trigal de sus cabellos,
como un sol que reparte sus destellos
en una lluvia de flotantes rizos.