   Eras mi amor cuando me uní contigo,
y te adoraba como al bien se adora,
y ahora, apoyo de mi vida, ahora,
eres mi Dios, mi protector, mi amigo.

   Con tu sonrisa tu dolor mitigo
y cuando el sol al expirar colora
los altos montes, y al nacer la aurora,
yo te llamo mi dueño y te bendigo.

   Enlazadas resbalan nuestras vidas
como las olas en el mar profundo,
y así como ellas al perderse unidas

   dan un solo gemido moribundo,
nuestras almas se exhalan confundidas
y juntas partan del revuelto mundo.