   Como eres niña te dedico un cuento:
Náufrago errante, de lucha rendido,
corría por el mundo un descreído
ajeno del amor al sentimiento.

   En su propio cariño halló el tormento;
y así, llevado el corazón herido,
odiaba a las mujeres, convencido
que el amor era en ellas fingimiento.

   De todas despreciaba la ralea;
mas, viéndose de un ángel frente a frente,
-¡Maldito, -dijo-, el que en amor no crea!

   Y, el cuento terminado, ten presente
que eres tú el ángel que cambió mi idea
y yo el ateo que creí ferviente.