   Arcángel de mi hogar, alma piadosa
para el amor y la virtud nacida;
bajo tus alas trémulas mi vida
auroras tiene de zafir y rosa.

   Pero lejos de ti, noche espantosa
sólo ve mi mirada entristecida,
sin blanca luna que a evocar convida
las dulces horas de la edad dichosa.

   ¿Y tú me olvidarás? ¿No habrá un acento
siempre en tu corazón que a mí responda
en efluvios de casto sentimiento?

   No es anhelo de loco desvarío;
mas si en tu pecho la pasión no es honda,
¡hazla que sufra como yo, Dios mío!