   Halló un marido a su mujer preñada,
después de dos o tres años de ausencia,
y la mujer, al verse en su presencia,
se sintió doblemente embarazada.

   -¿Cómo fue? -dijo él. -Y ella, turbada:
Sin detrimento fue de mi conciencia;
concebí sin dolor ni violencia
siendo antes y después siempre honrada.

   Llevándose las manos a la frente
el marido exclamó: ¡Mucho lo dudo!
-¡Dudas de Dios! -dijo ella santamente.

   Y él, aterrado, resistir no pudo
por más tiempo su error, y fue creyente,
que viene a ser lo mismo que cornudo.