   Alcázar de la fe, templo gigante,
corazón de una raza, que robusto
a la nueva ciudad César Augusto
hizo cuna del brío más pujante;

   su heroísmo, con letras de diamante
se grabó en tu basílica vetusta,
al beso abrasador que el alma incrusta
en el santo Pilar, con fiebre amante;

   su tesón, sin rival, en el granito
labró, siglo tras siglo, la honda mella
que ablanda el jaspe del Pilar bendito,

   y en el cóncavo, brilla de su huella,
el espíritu hispano, cual estrella
que irradia el patrio amor a lo infinito.