   Juega hasta echar el pego algunas veces,
con bastante frecuencia se emborracha,
y tres leguas en torno no hay muchacha
que no pierda con él sus esquiveces.

   Hace vil mercancía de sus preces,
su lengua de escorpión parece un hacha,
y oculta en ocasiones la bocacha
de la sobrepelliz en los dobleces.

   Tal es el que en mi pueblo representa
la santa religión de mis mayores,
y como este ejemplar sé de cincuenta.

   Mas de la sacra fe a los resplandores
¡qué importa, vive Dios!... Tened en cuenta
que si hay curas así, los hay... peores.