   Cruza el ave rozando la sabana
que le extiende una alfombra de verdor,
y, al potente vibrar de su motor,
se remonta, gallarda y soberana.

   En la gloria triunfal de la mañana
es el cielo de luces una flor;
y en los aires, audaz, el aviador,
lanza un reto a la muerte tan lejana.

   Mas el ave que ha sido detenida
en la rauda carrera de su vuelo,
por la parca se siente sacudida;

   y al hacerse pedazos contra el suelo,
¡glorifica a dos bravos que, sin vida
en su almas se vuelven hacia el cielo!