   Como lejano todo, como etérea la vida,
como inertes los centros del sentir corporal;
el corazón sin ritmos y la mirada ida
por un maravilloso panorama ideal.

   Un vacío insondable donde la mente flota
pitagóricamente, bajo la flora astral;
un abismo sin límites en que, gota por gota,
exacerba una fuente su rezo musical.

   Un largo viento cálido, sedoso, como una
caricia de tus manos, o como tus cabellos,
y un raudal luminoso que llena la oquedad.

   Plenitud del espíritu, esotérico instante
en que -lejos la ausencia de vivir en la tierra-
invadimos el reino de la serenidad.