   En la mente se agitan tempestades
que, como las del mar, enfurecidas,
nos arrojan contra las realidades
en que se despedazan nuestras vidas.

   Zozobran el amor y al esperanza,
huyen medrosas nuestras ilusiones;
y al llegar nuevamente la bonanza
son náufragos allí los corazones.

   Pero el fanal, que brilla eternamente
en el alma tenaz de los marinos,
sigue alumbrando en la negrura los

   rumbos supremos... Y la altiva mente
prosigue sus indómitos destinos
sobre los mares en que el faro es Dios.