   Seis púberes esclavas de negra piel bruñida,
que el sol estivo envuelve con sus lenguas quemantes,
agitan los flabelos, mientras la preferida
se despoja de sedas, de oros y brillantes

   Una nubia, de hinojos, le suelta la crepida,
otra le aromatiza los cabellos flotantes,
y dos tigres en brama, que la hermosa intimida,
se echan taimadamente a sus pies dominantes.

   Elefantinas tropas describen contorsiones
hasta quedar arqueadas como interrogaciones,
ante la noble escena de plásticas lujurias.

   -Luego, la favorita, desnuda y paso a paso,
se va hundiendo en el agua -lo mismo que el ocaso-
y desde un tamarindo la atisban las tres Furias.