   ¡Tú, emprendiste bajo el albor temprano
la áspera senda con ardiente brío,
y ahora inclinado y con andar tardío
rigiendo vas el báculo de anciano!

   Torpe el sentido y el cabello cano
no te acobarden, ni en sepulcro frío
contemples con doliente desvarío
de rápido descenso el fin cercano.

   Fúlgida luz la vista te oscurece;
argentó tu cabeza nieve pura,
cesas de oír, porque el silencio crece;

   te encorvas, porque vences la fraguar;
anhelas, porque el aire se enrarece;
llegando vas a coronar la altura.