   Así que el primer hombre hubo pecado,
se nublaron los cielos de repente,
y empuñando una espada refulgente
le dijo un ángel con acento airado:

   «Lejos de este lugar que has profanado,
y al recordar su encanto , eternamente
surquen arrugas tu orgullosa frente
y anda a comer el pan del desterrado.»

   Transido Adán de amargo desconsuelo
cruzó sus manos y exhaló un gemido,
y al ver cerrar, con lágrimas de duelo,

   tras sí las puertas del Edén perdido,
exclamó el infeliz mirando el cielo:
«Si me quitáis el bien, darme el olvido.»