   Más que la luz de la razón humana,
amo la oscuridad de mi deseo,
y más que la verdad de cuanto veo,
quiero el error de mi esperanza vana.

   Tenéis razón, hermosa Soberana,
que no sé cuándo dudo y cuándo creo;
si hoy, comparado a mi, todo es ateo,
tal vez de todo dudaré mañana.

   Entre creer y dudar, mi alma indecisa
mientras pasa esta vida de quebranto,
que es eterna en dar fin, yendo de prisa,

   el dudar y el creer confundo tanto,
que unas veces mi llanto acaba en risa,
y otras veces mi risa acaba en llanto.