   Tómese una palabra, ejemplo, vasco,
otra distinta luego, sea chusco,
y búsquese lo mismo que yo busco,
un consonante al primer verso, chasco.

   Siguiendo de igual modo y sin atasco,
escríbase después un verso en usco,
que rime, verbigracia, con pedrusco
y de lugar al consonante en asco.

   Por fin, aunque el sistema sea tosco
y alguien por él me quiera armar un cisco
diciendo que no me sé lo que me pesco,

   yo puedo contestar con ceño fosco,
sin temer de la crítica el mordisco:
«Hice el soneto ¡y me quedé tan fresco!»