   Es de piedra. Pero habla a mis antojos
en la mañana del amor florida,
como la ensoñación de gloria y vida
aunque estén mustios y sin luz sus ojos.

   Corona ostenta de laureles rojos
sobre su frente magistral ceñida.
Y en lo alto la diestra suspendida
en un signo inviolable a los arrojos.

   Más de una vez a contemplarla acaso
he detenido mi errabundo paso;
quise confiarla mi pasión secreta.

   Y enardecido en su mudez amante,
a la hermosura le canté triunfante
y más que nunca me sentí poeta...