   Escuchando tu acento cariñoso
mi corazón sensible se enternece
y la vida más grata me parece
y el porvenir más amplio y luminoso.

   Al calor de tu pecho generoso
como niebla sutil se desvanece
el tedio funeral que me entristece,
devolviendo a mi espíritu el reposo.

   Pues me alcanzaste la perdida calma
y al abrirme el santuario de tu alma
calmaste los rigores de mi suerte,

   ¡déjame que me arroje entre tus brazos
uniéndote a mi ser con unos lazos
que no pueda romper sino la muerte!