   ¡Madre Locura! Quiero ponerme tus caretas.
Quiero en tus cascabeles beber la incoherencia,
y al son de las sonajas y de las panderetes
frivolizar la vida con divina inconsciencia.

   ¡Madre Locura! da me la sardónica gracia
de las peroraciones y las palabras rotas.
Tus hijos pertenecen a la alta aristocracia
de la risa que llora, danzando alegres jotas.

   Sólo amargura traje del país de Citeres...
Sé que la vida es dura y sé que los placeres
son libélulas vanas, son bostezos, son tedio...

   Y por esto, Locura, yo anhelo tu remedio,
que disipa tristezas, borra melancolías,
y puebla los espíritus de olvido y alegrías...!