   Envuelta en un ropaje vaporoso
transparente y más blanco que la espuma,
de mi pena cruel entre la bruma
surges como un ensueño delicioso.

   A veces tu contorno primoroso
en la penumbra rápido se esfuma,
y el fardo del pesar mi espalda abruma
como el mundo la espalda del coloso.

   Y luego reapareces, siempre bella,
radiante como el disco de una estrella,
dulce, divina, casta y sonriente;

   pero a tu níveo traje preferido,
luces mefistofélico vestido
de un rojo extraño, erótico y ardiente.