   ¡Volad, volad memorias! ¿qué se han hecho
las mujeres que amé, cándidas, puras?
Beben las unas heces y amarguras,
o yacen tristes en marmóreo lecho.

   En rico carro, bajo ebúrneo techo,
rameras otras, pérfidas, impuras,
van a vender sus yertas hermosuras,
sus secos labios, su insensible pecho.

   Todas ya sin amor, sin emociones,
a una dicha tristísima, mentida,
rindieron sus ardientes corazones.

   ¡Pálidas sombras de ilusión perdida,
dejadme sin mis fúlgidas visiones,
pero pasad, aunque llevéis mi vida.!