   Id a buscar a Dios en las arenas
donde tuvo su altar el cocodrilo;
en los sangrientos ídolos del Nilo,
en las deidades lúbricas de Atenas.

   Gimiendo en esas bárbaras cadenas,
no halló la Humanidad puerto ni asilo:
vino la Cruz, y el corazón tranquilo
fácil ya mira el término a las penas.

   Los siglos pasan a sus pies dejando
la vil ceniza de su ciencia impía,
y limpia siempre seguirá brillando.

   Así después de tempestad sombría,
las tenebrosas nubes arrollando,
luce más puro el luminar del día.