   Crecen dos palmas su ramaje alzando
en orillas opuestas de un torrente,
sin juntar nunca su follaje ardiente,
sin unirse jamás, mas siempre amando.

   Crecen, sus frentes tristes inclinando,
hasta que airado el ábrego inclemente
las sepulta a la par en la corriente,
juntos sus troncos a la mar llevando.

   Así también tu suerte de mi suerte,
separa, ¡oh Julia! piélago enemigo,
y muero solo, y mísero sin verte.

   En vano en mi delirio te persigo,
que en las espesas sombras de la muerte
la tumba sola me unirá contigo.