   Muere Jesús y al punto estremecida
siente crujir la esfera su cimiento;
enmudece la mar, párase el viento;
viste de luto el sol su luz querida.

   Los muertos en sus tumbas por la vida
asaltados se ven, y hondo lamento
mustia levanta al alto firmamento
la tierra toda en su Hacedor herida.

   Del redentor la sangre gota a gota
se derrama en Luzbel, y su tortura
descubre y su terror así el precito.

   Nunca, ¡oh Dios!, el hombre agota
tan sólo mi dolor por siempre dura
inmortal como tú, cual tu infinito.