   Más allá de los cielos estrellados,
más allá de los pálidos nublados,
más allá de los mundos olvidados,
donde acaban los tenues elementos,

   penetran mis altivos pensamientos
buscando a Dios, inquietos y obstinados,
y en tinieblas se pierden abismados,
siempre de luz y de verdad sedientos.

   ¡Silencio!...¡Soledad!...¡Sombra!...¡Vacío!...
Del Ser Eterno, en vano pido nuevas
al antro enorme, pavoroso y frío;

   sólo una voz me dice: ¿A qué te elevas?
¿A qué con temerario desvarío,
buscas lejos de ti lo que en ti llevas?