   Ciencia estéril, que triunfas satisfecha
rechazando evidentes realidades,
tu vista, -¡vanidad de vanidades!-
desaciertos de Dios, sin fruto acecha.

   Tu soberbia satánica desecha
lo que esperanza fue de otras edades,
y mentiras parecen las verdades
a tu confusa luz, de sombras hecha.

   la mirada jamás alzas al cielo;
las conciencias recusas por testigo;
y llevas, con amargo desconsuelo,

   en tu propia sospecha tu enemigo,
tu propio torcedor en tu recelo,
y en tu propia victoria tu castigo.