   Tú lo sabes, Señor, mi vida entera
gasté buscando el bien con fe segura,
y elevando los ojos a esa altura
de donde el alma tu favor espera;

   mas, bajo el hueco de la torva esfera,
temblando de ansiedad y de pavura,
sondé sin fruto la tiniebla impura
donde ni un rayo tuyo reverbera.

   ¡Ay! Aunque agudo siento los dolores
que, en tanta confusión y duda tanta,
sufrí pisando abrojos punzadores,

   más mi afligido corazón quebranta
recordar el estrago de las flores
que, andando a ciegas, estrujó mi planta.