   Hoy hace un año que, al morir el día
con la luz del crepúsculo incolora,
aquí, donde doliente gimo ahora,
a un tiempo comenzó nuestra agonía.

   Breve la tuya fue; pero la mía,
que el corazón y el alma me devora,
prolongándose lenta de hora en hora
dura al cabo de un año todavía.

   Cuando de mi perdido bien me acuerdo
y a medir mi dicha el juicio alcanza,
transido de dolor, el juicio pierdo;

   y abatido descubro en lontananza
tus amores por único recuerdo
y la muerte por única esperanza.