   No temas, no, que con esfuerzo vano
tras ti, ciega Fortuna, me remonte;
espera que tus ímpetus afronte,
no que tienda a tus dádivas la mano.

   Sé que he de hallar abrojos en el llano;
sé que he de hallar espinos en el monte,
y en el linde fatal de tu horizonte,
árido yermo, o fétido pantano.

   Toda gran esperanza es gran quimera;
por eso, sin afanes ni porfías,
resignado prosigo mi carrera,

   sabiendo que, al extremo de mis días
el Desengaño sórdido me espera
con las manos abiertas y vacías.