   ¡No puedo más! Cuando mi carne abrasa,
tu carne toco como el mármol frío
y al estrujar tu boca con la mía
experimentas sensación escasa.

   En mí, el amor es el turbión que arrasa,
la fiebre intensa, la pasión bravía;
en ti un capricho más, que juraría
que no deja señal por donde pasa.

   Yo sufro al poseerte, porque veo
que te entregas sin goce ni deseo
como a caricias débiles o extrañas...

   ¡Y mi orgullo de macho siento herido
viendo que, a mi pesar, no he conseguido
despertar el amor en tus entrañas!