   Ansié renombre, y mi menguada estrella
en vez de glorias dióme negro duelo;
pedí riquezas al avaro suelo,
y desoyó enojosos mi querella.

   Entre los brazos de piadosa bella
quise a mis males deparar consuelo;
¡ay triste desengaño de mi anhelo
con sus desdenes me hizo gustar ella!

   De un amigo la mano compasiva
busqué; mas la amistad mostrose esquiva,
y heme aquí que, tras tanta malandanza,

   estoy cual comencé: pobre y si gloria,
sin un dulce recuerdo en la memoria,
¡pero, me queda entera mi esperanza!