   Joven adolescente, o tierno mozo,
de su señor vasallo y compañero,
bien el rapante halcón, bien el acero,
él le aprestaba con orgullo y gozo.

   Su labio apenas anunciaba el bozo,
y ya su erguido continente fiero
la esperanza de armarse caballero
revelaba con íntimo alborozo.

   Su fácil lengua, siempre decidora,
por doquier derramaba la alegría
que el alma juvenil dulce atesora;

   y hechizo del castillo ser solía,
y alguna vez logró de su señora
premio que al servidor no se debía.