   A ti, bella ciudad, reina de amores
adormecida en la feraz llanura,
que al pintarte en la linfa del Segura
brillas en trono de apiñadas flores;

   a ti, cuyo vergel de mil primores
fecunda el sol que envidia tu hermosura,
porque te dan hechizo y galanura
brisas, aves, perfumes y colores;

   a ti, mi patria, la de Abril constante,
la que infunde en el alma gozo eterno
bajo su cielo azul siempre radiante;

   a ti dirijo mi saludo tierno,
y, temiendo morir de ti distante,
al pensar que te miro, me prosterno.