   Sobre la castidad don Lino Estrella
ayer tarde en San Pablo predicaba;
¡con qué elocuencia el vicio fustigaba!
¡qué discreta su plática y que bella!

   Salí del templo, y al pensar en que ella
a las diez de la noche me esperaba,
juré por mi salud que si pecaba,
la última vez sin falta fuese aquella;

   que si es locura la pasión sin tasa,
no procurar vencerla es desatino.
Repitiendo mil veces: «de hoy no pasa»,

   antes de dar la diez tomé el camino,
y al entrar por la puerta de su casa,
a un hombre vi salir... ¡Era don Lino!