   Duélese Pigmalión, la vista fija
sin cesar en su amada efigie hermosa,
de que espíritu humano no la rija,
y a Venus que la anime pedir osa.

   De una pasión tan nueva y tan prolija
dolida al fin, le concedió la Diosa
que muerte estatua, de sus manos hija,
a sus brazos descienda, viva esposa.

   Así la imagen que mi mente crea,
única a quien adora el alma altiva
y que no hay perfección que no posea.

   Divinidad permita compasiva
que, el ser dejando de implacable idea,
en humana mujer se encarne y viva.