   Aunque tanto Lucinda se arrebola,
muy sabe su espejo que es mulata;
y así presume, tan jetona y ñata,
ser de estire purísima española.

   Cualquiera es a su lado zamba o chola,
a quien ensalza posición o plata;
a todas con desdén su orgullo, trata:
la noble, la señora es ella sola.

   A todos sin cesar les cacarea
que, no sé si de un Tello, o de un Fadrique,
procede su clarísima ralea:

   y aunque tanto su orgullo lo repique,
unos dicen que vino de Guinea,
y otros de la lanuda Mozambique.