   Ya la gloriosa cumbre del Tabor
atrás dejaron los divinos pies;
nieve la viste, un astro la faz es
que del sol avergüenza el resplandor.

   Así, del alto cielo oh morador,
a la diestra del Padre arder lo ves;
y en los aires Elías y Moisés
ciñen un lado y otro del Señor.

   Mientras yacen por tierra, en ademán
de asombro, de pavor y adoración,
Pedro, Santiago y el amado Juan:

   ¡Cuándo, oh Señor, en la celeste Sión
sin velo así mis ojos te verán,
si de verte mis ojos dignos son!