   Perdona, madre Tierra, si me inquieta
alma soberbia, en su ambición osada
menospreciando un tiempo tu morada,
y no quererte por mejor planeta!

   Ya la divina voluntad respeta
que a ti la destino, viendo humillada
que no hay mansión ninguna que a su nada
más que la que hoy habita le competa.

   Y no arde acaso en la celeste altura
astro ninguno que de ti diverso
sea en estar negado a la ventura:

   acaso en el vastísimo universo,
donde quiera que esté la criatura,
la ley la oprime del destino adverso!