   Cuando contemplo el delicado velo
que a tu alma bella da digna morada,
y pienso que beldad tan extremada,
de ideal perfección tipo y modelo,

   ha de sentir de la vejez el hielo,
y que la Muerte con su mano airada
ha de sumirla en espantosa nada,
de ley tan dura con horror me duelo.

   Mas ¿qué diciendo está mi Musa impía?
¿Alta revelación no me asegura
que, gloriosa y más bella todavía,

   la de mí tan amada vestidura
ha de resucitar el postrer día
para unirse de nuevo a tu alma pura?