   Ya en el postrero universal juicio
del Juez supremo a la presencia me hallo,
y aguado el justo inapelable fallo
que eterno espera a la virtud y al vicio.

   Mas ¡ay! ¿adverso me será o propicio?
¿de Cristo o de Satán seré vasallo?
En duda tan cruel, temblando callo,
más digno que de premio de suplicio.

   Ya las turbas del Juez ha separado,
y el rostro favorable o enemigo
al diestro vuelve y al siniestro lado:

   pero yo, justo Dios ¿a quienes sigo,
cuando a la Virtud abras y al Pecado
los palacios del premio y del castigo?