   En triste noche, como yo sombría,
vuelvo con lento paso a la morada
alegre ayer, hoy muda y desolada
desde que no la habitas, madre mía.

   ¡A nadie le parece ya tardía
mi vuelta, ni conoce mi pisada,
ni con amor sonríe a mi llegada,
ni me pregunta en qué pasé mi día!

   Entro: silencio en donde quier profundo
hallo; voy a tu estancia, y tu desierto
callado lecho en lágrimas inundo:

   ¡ningún consuelo en mi dolor advierto,
y al sentirme tan sólo en este mundo,
quisiera, oh madre, como tú, haber muerto!