   ¡Bendita sea la feliz tibieza
con que, celosa de su pura fama,
pagó tu amor la aviñonense dama
que igualó su virtud con su belleza!

   ¡Benditos el rigor y la esquiveza
que acrisolaron tu amorosa llama,
y te valieron la gloriosa rama
que hoy enguirnalda tu feliz cabeza!

   Así Apolo que a Dafne perseguía
cuando a abrazarla llega, sus congojas
sienten de un árbol la corteza fría.

   Mas en sus ramas la deidad doliente
halla las verdes premiadoras hojas,
digna corona de su altiva frente.