   ¿Por qué doquiera sin cesar me veo
de ti, triste recuerdo, perseguido,
en vano renovándome el deseo
de volver a gozar el bien perdido?

   ¡Quién las aguas me diera del Leteo
donde la paz se bebe del olvido!
¿De qué horrendo delito me hice reo
para dolor tan largo y desmedido?

   Dulce felicidad desvanecida,
de mi memoria perenal castigo,
pues me diste tu eterna despedida,

   y lejana esperanza ya no abrigo
de que goce aún mi triste vida,
tu recuerdo perder debí contigo.