   Virgen, ¿por qué cuando el divino infante
a la tuya su faz junta risueño,
o goza entre tus brazos blando sueño
cubre grave tristeza tu semblante?

   ¡Ay! que ya de tu mente está delante
de sus verdugos el airado ceño,
y ya pendiente del infame leño
le ve morir tu corazón amante.

   Que es de tu claridad nube sombría
y a tus placeres todos mezcla duelo
de Simeón la triste profecía;

   mas mirarle te de justo consuelo
resucitar en el tercero día,
y en gloria excelsa remontarse al cielo.