   Reina en París unánime alegría:
y toda plaza y toda calle suena,
de alborozada muchedumbre llena,
que celebra del año el primer día.

   Mas, solitaria en tanto el alma mía,
con el contento, y la ventura ajena,
siente aumentarse su profunda pena,
y su tedio y mortal melancolía.

   En vano la esperanza me halagaba:
para mí ¡ay triste! el año nuevo empieza
tan desgraciado cual su hermano acaba:

   ¡aún el mal no remite su crudeza
que mi cuerpo consume, aún gime esclava
el alma del hastío y la tristeza!