   Como se ven por el cristal del río
los granos de sus límpidas arenas,
como se ven también las azucenas
a través de las gotas de rocío;

   como en las noches del quemado estío
tras de las nubes blancas y serenas
se ve la luna, ¡cual las almas buenas
se ven detrás de su dolor impío!;

   como por medio a la verdad se mira
la fe del corazón, que sin enojos
en el fulgor de la virtud se inspira,

   así quisiera en mi aparente calma,
a través de las niñas de tus ojos
mirar los sentimientos de tu alma.